Y el SEÑOR los entregó en manos de Israel, y los hirió y los persiguió hasta la gran Sidón, y hasta Misrefotmaim, y hasta el valle de Mizpa al oriente; y los hirieron, hasta que no les quedó ninguno.

No les dejaron ningún resto, de aquellos a quienes alcanzaron. Todos los que caían vivos en sus manos eran muertos.

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