Y he aquí dos hombres. Moisés y Elías, al ministrar a nuestro Señor en su gloria, le mostraron ser el Señor tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Los discípulos también, al ver la gloria de sus semejantes, se llenarían de admiración por la condescendencia de su divino Maestro; y considerando las delicias de la felicidad futura, anímese a una santa emulación de los que habían trabajado antes que ellos, y sea fortalecido en los conflictos que se produzcan; porque nada aligera tanto el trabajo presente como la consideración de la recompensa futura. (San Cirilo)

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