Y dije: Mi fuerza y ​​mi esperanza han perecido ante el Señor. Su vitalidad fue minada por sus aflicciones, y su esperanza y confianza en Jehová lo habían abandonado. Así, incluso los hijos del Señor a veces se ven tan profundamente afectados por los dolores que deben soportar que se acercan mucho a la desesperación.

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