Y Moisés buscó diligentemente la entrada de la ofrenda por el pecado, porque como su sangre había sido derramada en el altar del holocausto, su carne, siendo una ofrenda por el pecado, debería haber sido comida por los sacerdotes en el Lugar Santo, y he aquí, fue quemado; y se enojó con Eleazar e Itamar, hijos de Aarón, que quedaron con vida, diciendo:

No andarás como chismoso entre tu pueblo; ni te opondrás a la sangre de tu prójimo, como suele hacer el testigo falso. Yo soy el Señor. Esto implica, por supuesto, "dejar a un lado toda conducta inhumana, toda mala voluntad, manifestada en el menosprecio malicioso, ennegrecimiento y calumnia, y especialmente en atentados contra la vida de un vecino, ya sea en la corte o en la vida privada" (Lange). .)

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