Y Moisés dijo a Aarón, a Eleazar e Itamar, sus hijos: No descubran vuestras cabezas, ni rasguéis vuestras ropas; la manera usual de mostrar un alto grado de duelo es dejar crecer el cabello de la cabeza sin recortar ni cortar y rasgad las vestiduras sobre el pecho, para que no muráis, y no se levante la ira sobre todo el pueblo. Una transgresión del sumo sacerdote, como mediador entre Dios y el pueblo, implicaba a este último en el castigo de Dios.

Llorar en este caso habría sido equivalente a expresar descontento con los juicios del Señor y habría traído Su castigo sobre los ofensores y sobre todos los que representaban. Pero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, lamenten por el fuego que el Señor ha encendido, la terrible expresión de la ira de Dios al destruir a los sacerdotes, la triste calamidad que les ha sobrevenido.

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad