Una cosa he pedido al Señor, en medio de todos estos peligros amenazantes, que buscaré con un gran deseo: que pueda habitar en la casa del Señor, el tabernáculo de su presencia, todos los días de mi vida, en el deleite de la comunión íntima con Jehová, para contemplar la belleza del Señor, Su favor y bondad como se revela en la Palabra de Su gracia, e indagar en Su Templo, meditando en las maravillosas bendiciones de Su misericordia en el mensaje del Evangelio.

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