En medio de las profecías sobre las naciones se produce una protesta contra la indiferencia de Jerusalén hacia los mensajes del profeta. Primero describe a la gente gozosa en contraste con él, con su dolor y su corazón quebrantado. Introduce su descripción preguntando qué les aflige. Luego declara que será un día de confusión y habla de la reunión de ejércitos y del sitio de la ciudad.

Era un día en el que Jehová había llamado al duelo, y se llenaron de alegría. Este fue un pecado imperdonable, ya que reveló su absoluta insensibilidad. Inmediatamente después de esta protesta, el profeta pronuncia su denuncia contra Sebna, el gobernante, lleno de orgullo, declarando que sería rechazado de su cargo. Su lugar iba a ser tomado por Eliakim, cuyo nombramiento y administración se describen. Este es otro caso en el que para nosotros la aplicación local se ve ensombrecida por los valores mesiánicos.

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