Génesis 12:2

Cuando Dios llamó a Abraham, y en Abraham, la nación judía, los acunó en bendiciones. Esta es la forma en que siempre comienza con un hombre. Si alguna vez, al hombre oa la nación, le habla de otra manera, es porque le han obligado a hacerlo.

I. Muchos de nosotros consideramos la religión más como una posesión o un privilegio del que disfrutar, que como una vida que debemos difundir, un reino que estamos destinados a extender. En consecuencia, nuestra religión se ha vuelto demasiado pasiva. Sería más saludable y feliz si tuviéramos que poner más acción en ello.

II. Dondequiera que iba Abraham, derramaba bendiciones a su alrededor, no solo por sus oraciones e influencia, sino por el encanto real de su presencia. Así como Abraham fue una bendición para los judíos, aún más los judíos fueron una bendición para el mundo.

III. Luego vino el clímax. El que así bendice con su sangre, el que no hizo más que bendecir, era de la simiente de Abraham.

IV. Como unidos al cuerpo místico de Cristo, somos la simiente de Abraham, y una de las promesas a las que somos admitidos es esta: "Serás bendición". La sensación de un nombramiento positivo, de un destino para hacer una cosa, es el motivo más poderoso del que es capaz la mente humana. Quien desee ser una bendición debe ser un hombre de fe, oración y amor.

J. Vaughan, Fifty Sermons, 1874, pág. 293.

Referencias: Génesis 12:2 . JH Evans, Thursday Penny Pulpit, vol. x., pág. 113; Revista homilética, vol. vii., pág. 205.

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