También te vestí de bordado.

La ropa del pueblo de Dios

Vea con qué generosidad incomparable el Señor provee para la ropa de Su pueblo.

1. Están tan arreglados que la habilidad Divina se ve produciendo un trabajo bordado incomparable, en el que cada atributo toma su parte y se revela cada belleza Divina. No hay arte como el arte que se muestra en nuestra salvación, no hay mano de obra astuta como la que se contempla en la justicia de los santos. La justificación ha absorbido plumas eruditas en todas las edades de la Iglesia y será el tema de admiración en la eternidad. Dios ciertamente lo ha "obrado curiosamente".

2. Con toda esta elaboración hay una mezcla de utilidad y durabilidad, comparable a nuestro calzado con pieles de tejón. Se desconoce el animal al que se refiere aquí, pero su piel cubría el tabernáculo y formaba uno de los cueros más finos y resistentes que se conocen. La justicia que es de Dios por la fe permanece para siempre, y el que esté calzado con esta preparación divina hollará el desierto con seguridad, y hasta podrá poner su pie sobre el león y la víbora.

3. La pureza y la dignidad de nuestra santa vestidura se manifiestan en el lino fino. Cuando el Señor santifica a su pueblo, ellos se visten como sacerdotes de blanco puro; ni la nieve misma los supera; son hermosas a los ojos de los hombres y de los ángeles, e incluso en los ojos del Señor no tienen mancha.

4. ¡ Mientras tanto, la ropa real es delicada y rica como la seda! No se repara en gastos, no se retiene la belleza, no se niega la delicadeza.

5. Seguramente hay gratitud que sentir y alegría que expresar. ¡Ven, corazón mío, no rechaces tu tarde, aleluya! ¡Afina tus flautas! ¡Toca tus cuerdas! ( CH Spurgeon. )

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