21-28 Esa noche, cuando los primogénitos estaban destinados a ser destruidos, ningún israelita debía salir de sus casas hasta que se les llamara a marchar fuera de Egipto. Su seguridad se debía a la sangre rociada. Si se apartaban de la protección de esa sangre, lo hacían bajo su propio riesgo. Debían quedarse adentro, esperando la salvación del Señor; eso era lo correcto. En tiempos posteriores, debían enseñar cuidadosamente a sus hijos el significado de este servicio. Es bueno que los niños pregunten acerca de las cosas de Dios; aquellos que buscan el camino lo encontrarán. La celebración de esta solemnidad cada año tenía dos propósitos: 1. Mirar hacia atrás, para recordar las grandes cosas que Dios había hecho por ellos y sus padres. Las antiguas misericordias, tanto para nosotros como para nuestros padres, no deben ser olvidadas, para que Dios sea alabado y nuestra fe en Él sea fortalecida. 2. Estaba diseñada para mirar hacia adelante, como una promesa del gran sacrificio del Cordero de Dios en el momento adecuado. Cristo, nuestro Cordero pascual, fue sacrificado por nosotros; su muerte fue nuestra vida.

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