1-3 La bendición de Dios es la causa de que nos vaya bien. De él dependemos, a él debemos estar agradecidos. No olvidemos la ventaja y el placer que tenemos del trabajo de las bestias, y que ofrece su carne. Tampoco debemos estar menos agradecidos por la seguridad que disfrutamos de las bestias salvajes e hirientes, a través del miedo al hombre que Dios ha fijado profundamente en ellos. Vemos el cumplimiento de esta promesa todos los días y por todos lados. Esta concesión de los animales como alimento garantiza plenamente su uso, pero no el abuso de ellos por la gula, y menos aún por la crueldad. No debemos lastimarlos innecesariamente mientras viven, ni cuando les quitamos la vida.

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad