13-17 Cristo no sólo hacía milagros en sábado, sino de tal manera que ofendía a los judíos, pues no parecía ceder ante los escribas y fariseos. Su celo por los meros ritos consumía los asuntos sustanciales de la religión; por lo tanto, Cristo no les daría lugar. Además, se permiten las obras de necesidad y de misericordia, y se debe guardar el descanso sabático, en orden al trabajo sabático. ¡Cuántos ojos ciegos han sido abiertos por la predicación del evangelio en el día del Señor! ¡Cuántas almas impotentes curadas en ese día! Muchos juicios injustos y poco caritativos provienen de que los hombres añaden sus propias fantasías a las designaciones de Dios. Cuán perfecto en sabiduría y santidad era nuestro Redentor, cuando sus enemigos no podían encontrar nada contra él, sino la acusación a menudo refutada de quebrantar el sábado. Que seamos capaces, mediante el buen hacer, de silenciar la ignorancia de los hombres insensatos.

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