19,20 No es marca de un hombre sabio o santo, jactarse de estar libre de error, o negarse a reconocer un error. Y hay algún error doctrinal en el fondo de cada error práctico. No hay nadie que sea habitualmente malo, sino por algún principio malo. Esto es la conversión; hacer que un pecador se aparte del error de sus caminos, no simplemente de un partido a otro, o de una noción y forma de pensar a otra. No hay manera efectiva y definitiva de ocultar el pecado, sino abandonándolo. Muchos pecados son impedidos en la parte convertida; muchos también pueden serlo en otras personas en las que él puede influir. La salvación de un alma es de importancia infinitamente mayor que preservar la vida de multitudes, o promover el bienestar de todo un pueblo. Tengamos en cuenta estas cosas en nuestros distintos puestos, sin escatimar esfuerzos en el servicio de Dios, y el acontecimiento demostrará que nuestra labor no es en vano en el Señor. Durante seis mil años Él ha estado multiplicando los perdones, y sin embargo su gracia gratuita no se cansa ni se fatiga. Ciertamente, la misericordia divina es un océano siempre lleno y siempre fluyendo. Que el Señor nos haga partícipes de esta abundante misericordia, mediante la sangre de Cristo y la santificación del Espíritu.

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