Moisés regresó ahora a la puerta del tabernáculo, como un importante suplicante por dos favores, y prevalece para ambos: aquí era un tipo de Cristo, el gran intercesor, a quien el Padre siempre escucha. Él es sincero con Dios por una concesión de su presencia con Israel en el resto de su marcha a Canaán. Tú dices: Haz subir a este pueblo: Señor, ¿eres tú el que me emplea, y no me posees? Estoy en el camino de mi deber, ¿y no tendré tu presencia conmigo de esa manera? Sin embargo, has dicho: Te conozco por tu nombre, como un amigo particular, y también has hallado gracia en mis ojos, por encima de cualquier otro.

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