21. Al decir que, al abandonar el mandamiento que les fue entregado, volvieron a sus propias contaminaciones, él insinúa primero cuán inexcusables eran; y en segundo lugar, nos recuerda que la doctrina de una vida santa y virtuosa, aunque común a todos y que pertenece indiscriminadamente a todos, todavía se enseña peculiarmente a aquellos a quienes Dios favorece con la luz de su evangelio. Pero él declara que aquellos que se hacen esclavos nuevamente a las contaminaciones del mundo se apartan del evangelio. Los fieles también pecan; pero como no permiten el dominio del pecado, no se apartan de la gracia de Dios ni renuncian a la profesión de sana doctrina que alguna vez abrazaron. Porque no deben considerarse conquistados, mientras resisten vigorosamente la carne y sus lujurias.

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