Oh Señor de los ejércitos, bendito es el hombre que confía en ti - Bendito en todos los aspectos. Su suerte es feliz; feliz en tu amistad; feliz de que se te permita adorarte; feliz por las bendiciones que la religión esparce por su camino aquí; feliz en tu gracia sustentadora en tiempos de prueba; feliz en el apoyo dado en la hora de la muerte; feliz en la eternidad a la que se dirige. ¡Oh, que todos los hombres lo intentaran y experimentaran en sus propias almas la felicidad —la alegría real, genuina, profunda y permanente— de confiar en Dios; de creer que hay un Dios; de confiar en su carácter; de apoyarse en él en cada situación de la vida; de confiar en su misericordia, su gracia y su fidelidad, en la hora de la muerte!

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