He aquí, estas son partes de sus caminos, pero parcelas muy pequeñas incluso de aquellas de sus obras que son visibles para nosotros. Porque sería una labor vana e infructuosa si me comprometiera a hablar de todas las maravillas del Creador. Sus obras son tantas, tan grandiosas y sobrepasan tanto nuestras estrechas concepciones, que nunca podemos esperar llegar a un conocimiento perfecto de todas ellas, ni siquiera de ninguna de ellas. Debemos contentarnos con permanecer, por así decirlo, a distancia y, con profunda reverencia, contemplar brevemente e imperfectamente unos pocos bocetos de los efectos de su poder obrador de maravillas. Pero, ¿qué poco se sabe de él?De su sabiduría, poder y providencia. Si estas sus obras externas y visibles son tan estupendas, ¡cuán gloriosas deben ser sus perfecciones y operaciones invisibles y más internas! Porque lo que vemos o sabemos de él no es nada en comparación con lo que no conocemos, y lo que está en él, o es hecho por él. Pero el trueno de su poder, ¿quién puede entender? O, primero, de su poderoso y terrible trueno, que a menudo se menciona como una obra eminente de Dios. O, en segundo lugar, de su poder omnipotente, que se compara propiamente con el trueno, en lo que respecta a su fuerza irresistible y el terror que causa a los hombres malvados.

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