Mis amantes y amigos se mantienen al margen, ya sea ​​por negligencia y desprecio, o por desprecio hacia mí. Los que buscan mi vida me tienden lazos para que si mi aflicción o angustia no me matan, me destruyan de otra manera; e imagina engaños todo el día. Ellos traman maldad, pero lo cubren con finas pretensiones. Pero yo, como sordo, no lo oí. Me acerqué a ellos como si no tuviera oídos para oír lo que decían, ni a mí ni a mí, ni lengua para responderles o reprenderlos por sus reproches y calumnias. Y así guardó silencio, no por falta de respuestas justas, sino para testificar su humillación por sus pecados y su aceptación del castigo que se había impuesto.

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