Y vi a los siete ángeles que estaban de pie delante de Dios, etc. - "Y vi a los siete ángeles que he mencionado antes, y que entonces estaban de pie delante del trono de Dios; y se les dieron siete trompetas para que cada uno de ellos pudiera sucesivamente hacen sonar una alarma; que entendí como el símbolo de algunos hechos muy importantes y de despertar, que iban, en orden de tiempo, a suceder a los que habían sido expresados ​​por los sellos. Y mientras se preparaban para ejecutar las órdenes había recibido, otro ángel,a quien entendí como una representación típica del gran Sumo Sacerdote de la iglesia, vino y se paró ante el altar que vi en este templo celestial, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso fragante, que consistía en una variedad de excelentes perfumes mezclados, para que pudiera presentarlo con las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono; así como el sumo sacerdote judío solía quemar incienso en el altar de oro del templo, mientras el pueblo oraba en los atrios del mismo a la hora del sacrificio de la mañana y de la tarde.

Y el humo de los perfumes subió en una nube espesa y olorosa, junto con las oraciones de los santos, de la mano del ángel mientras estaba de pie delante de Dios; y por ello pareció significar emblemáticamente, cuán agradecidas estaban al Ser Divino aquellas oraciones que procedían de santos corazones, recomendadas por la intercesión de ese gran Sumo Sacerdote, a quien este glorioso ángel tuvo el honor, en esta ocasión, de representar; como hicieron Aarón y sus hijos en el tabernáculo judío de la antigüedad. Y cuando el ángel hubo cumplido este oficio, a fin de mostrar la terrible manera en que Dios vengaría el daño que su pueblo orante en la tierra recibió de sus poderes tiránicos y opresores, tomó el incensario y, avanzando hacia el altar de bronce de holocaustos, lo llenó de fuego del altar y lo arrojó sobre la tierra; y tan pronto como se realizó esta acción, hubo largas y terribles voces, truenos y relámpagos, que parecían estallar de la Shejiná, la gloriosa señal de la Divina Presencia; y también hubo el repentino y violento impacto de un terremoto, que pareció sacudir los cimientos del mundo.

"No hubo fuego sobre elaltar de oro, pero el que estaba en el incensario, en el que se quemaba el incienso; de modo que debemos necesariamente, por este fuego del altar, comprender el del altar de bronce, aunque no se declare expresamente así; y esto puede dar a entender que en algunos otros lugares las mismas palabras pueden, al comparar diferentes circunstancias, tener diferentes ideas adjuntas.

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