(2) Yo voy por el camino de toda la tierra; esfuérzate, pues, y muéstrate hombre; (3) Y guarda la ordenanza de Jehová tu Dios, de andar en sus caminos, de guardar sus estatutos, sus mandamientos, sus juicios y sus testimonios, como está escrito en la ley de Moisés, para que seas prosperado. en todo lo que haces y en todo lo que te vuelves, (4) para que el SEÑOR cumpla la palabra que me ha dicho, diciendo: Si tus hijos miran su camino, anden delante de mí en verdad, con todo su corazón y con toda su alma, no te faltará (dijo) un hombre en el trono de Israel.

La apertura de este cargo a Salomón es tal como se podría esperar del hombre conforme al corazón de Dios. ¿Qué podía decir? ¿Qué debería haber pronunciado, sino tal acusación acerca de su consideración por el Dios fiel, como lo entregó aquí a su hijo, como su sucesor en el reino? El Espíritu Santo, en el pasaje paralelo de la escena de la muerte de David, que le agradó haber registrado en el primer libro de las Crónicas, da un relato mucho más particular de sus últimas palabras, tanto a Salomón como a los príncipes, y los capitanes de su corte, que aquí se menciona.

Y como hay varias circunstancias principales en ese relato que David, como profeta moribundo, entregó en referencia a la iglesia del evangelio, me gustaría que el lector consultara ese pasaje de las Escrituras mientras lo ha leído. Ver 1 Crónicas 28:1 .

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