¿Qué es tu amado más que otro amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué es tu amado más que otro amado, para que así nos mandes?

Tenemos en este versículo una pregunta formulada a la Iglesia por las hijas de Jerusalén. La llaman la más bella entre las mujeres, y al preguntar dos veces qué hay en su amado más que en otro, expresan tanto su sorpresa como su seriedad por saber quién es. Es una bendición considerar que la Iglesia es una perfección de belleza. El alma humana, tal como salió por primera vez de las manos del Creador Todopoderoso, pura e inmaculada, y tal como está nuevamente lavada en la sangre de Cristo después de sus contaminaciones, es un objeto de belleza que bien podría llamarse hermoso.

Ahora la pregunta parece formulada con mucha seriedad, ¿qué hay en Cristo tan superior a cualquier otro objeto de amor, que lo lleva todo ante sí? Varios son los objetos de deseo entre los hombres. Algunos para el mundo: el orgullo, el rango, la opulencia, la grandeza del mundo. Otros al aprendizaje humano. Algunos al placer; algunos al dinero; algunos al título; algunos a alianzas naturales. Pero Cristo es tan hermoso, tan hermoso, tan supremamente el principal, el único bien, que la Iglesia ha puesto su afecto en él, con total exclusión de todos ellos.

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