REFLEXIONES

¡Lector! ¿Puedo, puedo yo, encontrar la fuerza de la fe, bajo la seguridad de ser justificado en la sangre y la justicia de Jesucristo, para descansar en él para vida eterna? entonces, participemos de la preciosa verdad de las palabras del Apóstol, porque no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, que no andan según la carne, sino según el espíritu. Y bendito sea Dios por todos los altos privilegios de un estado justificado ante Dios.

Guiados por el Espíritu de Dios, somos hijos de Dios. Y estando Cristo en nosotros, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, el espíritu es vida debido a la justicia. Ya no hay espíritu de esclavitud que temer. Ya no hay deudores de la ley que temer. Pero, viviendo en el Espíritu y caminando en el Espíritu, por medio del Espíritu mortificamos las obras del cuerpo y viviremos.

¡Concede, Señor y Padre Todopoderoso, la gracia de llamarte abba, Padre! ¡Señor! por el Espíritu de adopción que hemos recibido, danos para ser conformados a la imagen de tu amado Hijo. Y siendo llamados, y justificados, y hechos herederos de Dios y coherederos con Cristo, al fin podemos ser glorificados en Cristo para siempre. Y nada, ni en la vida ni en la muerte, ni en el tiempo ni en la eternidad, podrá separarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

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