Significado. El motivo de la alabanza universal no es el mérito humano, sino la grandeza inquebrantable del amor pactual de Dios y la perpetua fidelidad de su verdad. Aquí el cielo y la tierra confiesan que Jehová es bueno y que su gracia jamás caduca.

Contexto. El Salmo 117 es el más breve de todo el Salterio y, situado en su centro, constituye un himno de alabanza atribuido a la tradición davídica de adoración del templo. Su llamado se dirige a «todas las naciones» y «todos los pueblos» (v. 1), de modo que el versículo 2 ofrece la razón teológica de tal convocatoria. Israel, depositario de las promesas, invita a los gentiles a unirse a la adoración del único Dios verdadero.

Explicación. Dos términos sostienen el versículo. El primero es jésed, traducido como «misericordia» o «amor leal», que designa el amor de Dios anclado en su pacto, no en la dignidad del pecador; por eso «ha engrandecido» (gabar) sobre nosotros, prevaleciendo de forma soberana y eficaz. El segundo es ´emet, la «verdad» o «fidelidad» que permanece «para siempre». La teología reformada lee aquí la inmutabilidad divina: Dios no ama porque hallara algo amable, sino porque eligió amar, y su gracia es irrevocable. Que Israel diga «sobre nosotros» revela el carácter pactual y particular de esa misericordia, que ahora se abre a las naciones en Cristo.

Referencias relacionadas. Pablo cita este salmo en Romanos 15:11 como prueba de que los gentiles fueron incluidos en el plan eterno de salvación. La permanencia de la fidelidad divina resuena en Lamentaciones 3:22-23 y en Salmos 100:5. El amor que prevalece se contempla plenamente en Juan 3:16 y Romanos 5:8, donde la verdad y la gracia se encarnan en el Hijo (Juan 1:14, 17).

Aplicación práctica. El creyente halla descanso al saber que su salvación no se sostiene en la constancia de su fe, sino en la fidelidad inmutable de Dios. Cuando las circunstancias amenazan con apagar la esperanza, este versículo nos llama a fundar la certeza en el carácter de Dios y no en el sentimiento. Asimismo, nos impulsa a la misión: si la misericordia abraza a «todas las naciones», la iglesia no puede callar el evangelio ante ningún pueblo.

Para reflexionar. Si la verdad y el amor de Dios permanecen «para siempre», ¿en qué áreas de tu vida sigues apoyándote en tu propia firmeza en lugar de descansar en la fidelidad inquebrantable de Aquel que nunca falla?

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