Significado. El salmista convoca a su pueblo a dar gracias al Señor porque Él es bueno y porque su misericordia pactual no se agota jamás. Es el fundamento de toda adoración: la bondad inmutable de un Dios que se compromete con los suyos.

Contexto. El Salmo 118 cierra el conjunto del «Halel egipcio» (Salmos 113-118), cánticos que Israel entonaba en las grandes fiestas, particularmente en la Pascua. Aunque su autor humano permanece anónimo, la tradición lo asocia al culto del segundo templo y a la liturgia procesional hacia la casa de Dios. Sus destinatarios eran los peregrinos congregados, llamados a recordar las obras redentoras del Señor con su pueblo.

Explicación. El versículo abre con el imperativo «alabad» (hôdû), un acto comunitario, no meramente privado. La razón ofrecida es doble: «porque es bueno» y «porque para siempre es su misericordia». El término clave es jésed, ese amor leal y pactual que describe la fidelidad de Dios a sus promesas. Para la teología reformada, jésed señala la gracia soberana que no nace del mérito del hombre sino de la libre voluntad de Dios; su carácter «para siempre» garantiza la perseverancia del pacto, pues lo que sostiene al creyente no es su constancia, sino la inmutable bondad divina.

Referencias relacionadas. El estribillo reaparece en Salmos 106:1, 107:1 y 136, donde la frase «porque para siempre es su misericordia» se repite veintiséis veces. Cristo cantó este Halel con sus discípulos tras la última cena (Mateo 26:30), y el mismo salmo anuncia la piedra desechada hecha cabeza del ángulo (Salmos 118:22; Hechos 4:11). Romanos 11:32 amplía la profundidad de esta misericordia eterna.

Aplicación práctica. Nuestra gratitud no debe depender de las circunstancias cambiantes, sino anclarse en lo que Dios es y en lo que ha prometido. Cuando el creyente duda de su salvación, este versículo lo redirige del autoexamen ansioso a la contemplación del jésed que «para siempre» permanece. Demos gracias en comunidad, recordando que la bondad de Dios en Cristo es la roca firme bajo nuestros pies.

Para reflexionar. ¿Fundo mi seguridad y mi alabanza en mi desempeño cambiante, o en la misericordia eterna e inmutable del Señor revelada en Cristo?

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad