Significado. Bienaventurado es aquel a quien el Señor no le imputa su iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño; la dicha verdadera nace de la culpa cubierta por la gracia.

Contexto. Salmos es el cancionero de Israel, y el 32 lleva el título de «masquil» de David, un salmo de instrucción. Compuesto probablemente tras su grave caída, David enseña a la congregación del pacto cómo el pecador hallado culpable encuentra restauración. Va dirigido a todo creyente que ha conocido el peso de la conciencia acusadora y la liberación del perdón divino.

Explicación. El versículo continúa la bienaventuranza del v. 1 con un segundo paralelismo. El término clave es «imputar» (en hebreo, «jashab»): contar, cargar en cuenta. La dicha del creyente no consiste en que no haya pecado, sino en que Dios decide no atribuirlo, no cargarlo a su cuenta. Aquí late ya el evangelio de la justificación: Dios no imputa el pecado porque, en su designio soberano, lo ha de imputar al Mediador. La segunda línea, «en cuyo espíritu no hay engaño», no exige perfección sino sinceridad: el perdonado no esconde ni disfraza su culpa, sino que la confiesa con franqueza. La gracia que cubre produce un corazón transparente.

Referencias relacionadas. Pablo cita expresamente este pasaje en Romanos 4:7-8 para probar que la justicia se imputa por la fe y no por las obras, vinculándolo con Abraham. Resuena en 2 Corintios 5:19, donde Dios «no toma en cuenta a los hombres sus pecados», y se cumple en 2 Corintios 5:21, donde el sin pecado es hecho pecado por nosotros. La sinceridad del espíritu sin engaño anticipa al verdadero israelita de Juan 1:47.

Aplicación práctica. El alma cansada no debe buscar paz en negar o minimizar su falta, sino en la confesión honesta ante el Dios que perdona. Donde el mundo enseña a justificarse, el evangelio invita a descubrirse y a descansar en una justicia ajena, la de Cristo imputada al creyente. Vive, entonces, sin máscaras delante de Dios y de los hermanos, porque quien ha sido cubierto ya no necesita esconderse.

Para reflexionar. ¿Buscas tu felicidad en una conciencia que se excusa a sí misma, o en la certeza de que Dios, por causa de Cristo, ha decidido no cargarte tu pecado en cuenta?

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