Significado. Toda persona piadosa orará a Dios en el tiempo en que puede ser hallado; quien busca refugio en la gracia soberana queda a salvo cuando irrumpen las aguas del juicio.

Contexto. El Salmo 32 es uno de los siete salmos penitenciales y lleva el título «de David, masquil», es decir, una instrucción sapiencial. David escribe tras la amarga experiencia de su pecado y su posterior confesión (vv. 3-5), probablemente reflexionando sobre el episodio con Betsabé. No habla como un hombre que descubre la gracia por primera vez, sino como un creyente restaurado que enseña a la congregación del pacto el camino del perdón. Los destinatarios son los «piadosos», el pueblo de Dios llamado a aprender de su caída y de su sanidad.

Explicación. «Por esto orará a ti todo santo» extrae una conclusión de la confesión anterior: la experiencia del perdón impulsa a la oración. El término hebreo jasid, «piadoso» o «fiel», designa al objeto de la jésed, el amor pactual de Dios; no es el devoto autosuficiente, sino aquel a quien la gracia ha hecho fiel. «En el tiempo en que puedas ser hallado» señala el día de la gracia, el momento soberanamente abierto por Dios para la conversión; la teología reformada subraya que es Dios quien primero busca y habilita al pecador. «Las muchas aguas» evocan el juicio y el caos; al santo no le alcanzarán porque su seguridad descansa en Dios, no en sí mismo. Late aquí la perseverancia de los santos: el escondedero del v. 7 garantiza que el elegido no será arrastrado.

Referencias relacionadas. Isaías 55:6 repite el llamado a buscar a Jehová «mientras puede ser hallado». Pablo cita la dicha del perdón de este salmo en Romanos 4:6-8 para demostrar la justificación por la fe. Las «muchas aguas» resuenan en el diluvio (Génesis 7) y en Salmos 69:1-2, y hallan su contraste en Mateo 7:24-25, donde la casa fundada sobre la roca resiste la inundación.

Aplicación práctica. El versículo nos urge a no posponer el arrepentimiento: hay un «tiempo aceptable» (2 Corintios 6:2) que no debemos endurecer. La verdadera marca del creyente no es la perfección, sino el correr a Dios en oración cuando peca. Vive, pues, atento a la voz del Espíritu hoy, confiando en que Cristo, nuestro arca, te resguarda de las aguas del juicio que merecíamos.

Para reflexionar. ¿Estás respondiendo al «tiempo en que Dios puede ser hallado», o estás presumiendo de un mañana que no te pertenece?

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