Significado. Dios no se limita a sostener a los suyos; los sacia con la abundancia de su propia casa y les da a beber del río de sus deleites. La gracia divina es desbordante, no mezquina.

Contexto. El Salmo 36 es atribuido a David, «siervo de Jehová». Tras describir la corrupción del impío que no teme a Dios (vv. 1-4), David se eleva a contemplar los atributos del Señor: su misericordia, fidelidad, justicia y juicios (vv. 5-7). El versículo 8 pertenece a esta sección de alabanza dirigida al pueblo del pacto, los «hijos de los hombres» que se refugian a la sombra de sus alas. El contraste entre la sequedad del pecado y la plenitud de la comunión con Dios estructura todo el salmo.

Explicación. El verbo traducido «serán completamente saciados» (hebreo «ravah») evoca la idea de empaparse, de abundancia que sobrepasa la necesidad. La «grosura de tu casa» alude a la mesa del templo, figura de la comunión con el Dios vivo. El «río de tus deleites» («nahar adaneka») contiene la raíz de Edén: Dios restaura en el creyente el gozo perdido del paraíso. Desde la perspectiva reformada, esta saciedad no nace del mérito humano sino de la gracia soberana; es Dios quien sacia porque es Dios quien primero acoge bajo sus alas. La fuente de la vida y la luz (v. 9) es el Señor mismo, no un don separado de Él.

Referencias relacionadas. El río que alegra la ciudad de Dios (Salmo 46:4) y el agua viva que Cristo ofrece para que nunca tengamos sed (Juan 4:14; 7:37-39) cumplen esta promesa. El Edén regado por el río (Génesis 2:10) y el río de agua de vida del trono (Apocalipsis 22:1) enmarcan la historia redentora. Jesús, pan de vida (Juan 6:35), es la grosura de la casa del Padre.

Aplicación práctica. El alma humana busca saciedad en mil cisternas rotas, pero solo halla descanso en la abundancia de Dios. Esto nos llama a no contentarnos con migajas de religión externa, sino a beber profundamente de la comunión con Cristo mediante la Palabra, la oración y los sacramentos. Cuando el creyente se siente seco, el remedio no es esforzarse más, sino acudir de nuevo al río que mana del Señor y recibir por gracia lo que jamás podría producir.

Para reflexionar. ¿En qué cisternas rotas estás buscando la saciedad que solo el río de los deleites de Dios puede darte?

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