Significado. Las maravillas de Dios son tan numerosas que desbordan toda capacidad de cálculo; el creyente no las inventa, sino que las recibe y las proclama con asombro adorante.

Contexto. El Salmo 40 es atribuido a David, según el encabezado hebreo, y pertenece al primer libro del Salterio. David escribe como rey ungido que ha experimentado la liberación divina: fue sacado del «pozo de la desesperación» (v.2) y, en respuesta, entona un cántico nuevo. El versículo 5 funciona como cumbre de gratitud antes de la sección de consagración y súplica que sigue. Sus destinatarios originales eran el pueblo del pacto reunido en adoración, llamado a contemplar la fidelidad de su Dios.

Explicación. David exclama: «Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros, no es posible contarlos ante ti». Dos términos clave estructuran el verso: las «maravillas» (niphlaot), obras portentosas que solo Dios puede realizar, y los «pensamientos» (majashabot), los designios eternos de su voluntad. Desde la perspectiva reformada, esto manifiesta la soberanía divina: las obras de Dios en el tiempo brotan de un consejo eterno e inmutable (Ef 1:11). La frase «para con nosotros» revela el carácter pactual de su gracia; no son maravillas genéricas, sino dirigidas a su pueblo escogido. Que «no es posible contarlos» no es resignación, sino doxología: la mente finita se rinde ante la incomprensibilidad del Dios trino, cuya bondad excede toda enumeración.

Referencias relacionadas. El cántico nuevo de respuesta aparece en el Salmo 96:1 y Apocalipsis 5:9. La incontable multitud de pensamientos divinos resuena en el Salmo 139:17-18. La carta a los Hebreos (10:5-7) aplica el contexto inmediato de este salmo a Cristo, mostrando su cumplimiento cristológico: las maravillas culminan en la obra redentora del Hijo. Romanos 11:33-36 ensancha la misma admiración ante la insondable sabiduría de Dios.

Aplicación práctica. El creyente moderno, asediado por la ansiedad y el cálculo constante, es invitado a reorientar su atención de sus propios problemas a las innumerables obras de Dios. Llevar un registro de las misericordias recibidas, recordar la cruz como la maravilla suprema y cultivar la gratitud son disciplinas que combaten el olvido. Cuando confesamos que sus pensamientos hacia nosotros son incontables, hallamos descanso: nuestra vida está sostenida por un designio amoroso que jamás falla.

Para reflexionar. ¿Cuántas de las maravillas que Dios ha obrado en tu vida has dejado sin contar, y cómo cambiaría tu adoración si comenzaras hoy a recordarlas?

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