Significado. Toda la gloria de la salvación pertenece a Dios; gloriarnos en Él «todo el tiempo» es la única jactancia legítima del creyente, porque solo su nombre nos sostiene.

Contexto. El Salmo 44 es un salmo comunitario de los hijos de Coré, lamento nacional de Israel ante una derrota inexplicable. Los versículos previos recuerdan las victorias que Dios concedió a los padres; el versículo 8 cierra esa sección de confianza histórica antes de que el pueblo se vuelque al clamor angustiado de los versículos siguientes. Es la confesión del pueblo del pacto que reconoce que sus triunfos jamás brotaron de su propia espada.

Explicación. «En Dios nos gloriaremos todo el tiempo, y para siempre alabaremos tu nombre». El verbo «gloriarse» (hebreo «halal», de donde viene «hallel») describe una jactancia exultante; pero su objeto no es el yo, sino Dios. Aquí late el corazón de la teología reformada: «coram Deo», el hombre no aporta nada a su redención, de modo que «el que se gloría, gloríese en el Señor». La frase «todo el tiempo» y «para siempre» une la gracia presente con la perseverancia final; quien es sostenido por la soberana voluntad de Dios alaba sin intermitencias, porque el fundamento no es su firmeza sino la fidelidad pactual del Dios que no cambia.

Referencias relacionadas. Jeremías 9:23-24 prohíbe gloriarse en la sabiduría, la fuerza o las riquezas, y manda gloriarse en conocer al Señor. Pablo lo retoma en 1 Corintios 1:31 y 2 Corintios 10:17, anclando toda jactancia en Cristo crucificado. Compárese con Salmos 34:2 y Gálatas 6:14, donde la cruz es el único motivo de gloria del creyente.

Aplicación práctica. En una cultura que celebra el mérito propio, el santo aprende a desviar toda alabanza hacia Aquel de quien procede todo don. Cuando llegan las victorias, no las atribuyas a tu disciplina; cuando llegan las derrotas, como en el resto del salmo, sigue alabando su nombre, pues la fe reformada confiesa que Dios reina aun en el valle. Tu cántico no depende de tus circunstancias, sino del carácter inmutable de tu Salvador.

Para reflexionar. ¿En qué buscas gloriarte hoy, en tus logros y capacidades, o en el nombre del Dios que te eligió y sostiene «todo el tiempo»?

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