Significado. Dios declara que no necesita los sacrificios de su pueblo: «No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos». Su gloria no depende de lo que el hombre le ofrece, pues Él es el dueño absoluto de todo.

Contexto. El Salmo 50 es atribuido a Asaf, uno de los directores del culto levítico en tiempos de David. Tiene forma de juicio divino: Dios convoca a su pueblo del pacto y comparece como Juez para corregir una religión que se había vuelto formalista. Los destinatarios eran israelitas que multiplicaban ofrendas en el santuario, pero cuyo corazón estaba lejos del Señor a quien decían servir.

Explicación. El versículo niega que Dios reciba algo por necesidad. Los términos «becerros» y «machos cabríos» evocan el sistema sacrificial mosaico; sin embargo, el Señor recuerda que no se sustenta del altar. Desde una lectura reformada, aquí brilla la aseidad de Dios: Él existe y se basta a sí mismo, soberano e independiente de su creación. El culto no añade nada a su plenitud; más bien es Él quien, por pura gracia, condesciende a recibir la adoración de pecadores. Así se desmonta toda religión meritoria: nada damos a Dios que no hayamos recibido primero de su mano.

Referencias relacionadas. El versículo siguiente lo confirma: «mía es toda bestia del bosque» (Salmos 50:10-12). Pablo predica lo mismo en Atenas: Dios «no es servido por manos de hombres, como si necesitase de algo» (Hechos 17:25). Y el profeta anuncia que la verdadera ofrenda es un corazón quebrantado (Salmos 51:16-17), cumplido finalmente en el sacrificio perfecto de Cristo (Hebreos 10:5-10).

Aplicación práctica. Conviene examinar por qué adoramos. Si servimos a Dios pensando que lo enriquecemos, o que con nuestras obras lo ponemos en deuda, hemos invertido el evangelio. El Señor no nos necesita; nosotros lo necesitamos a Él en todo. Esto libera al creyente del afán de comprar el favor divino y lo invita a ofrecer gratitud sincera, obediencia del corazón y vidas entregadas como respuesta a la gracia recibida en Cristo.

Para reflexionar. ¿Sirvo a Dios como quien le hace un favor, o como quien lo ha recibido todo de su mano soberana?

}
Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad