Significado. Las naciones que parecían más lejanas y hostiles correrán a someterse al Dios verdadero; aun Egipto y Etiopía extenderán sus manos hacia Aquel que reina soberano sobre todos los pueblos.

Contexto. El Salmo 68 es atribuido a David y celebra el ascenso triunfal de Dios, posiblemente vinculado al traslado del arca a Sión. Es un himno de victoria que retrata al Señor como Rey guerrero que cabalga sobre los cielos y dispersa a sus enemigos. En la sección final (versículos 28-35), David contempla a los reinos paganos rindiendo tributo en el santuario; el versículo 31 menciona expresamente a Egipto (la antigua casa de servidumbre) y a Cus (Etiopía), destinatarios sorprendentes de la mirada profética que ve a las naciones congregadas ante el trono de Dios.

Explicación. La frase «vendrán príncipes de Egipto» evoca a la potencia que una vez oprimió al pueblo del pacto; ahora sus dignatarios traen ofrendas en señal de sumisión. «Etiopía se apresurará a extender sus manos a Dios» describe un gesto de oración, entrega y rendición voluntaria. Desde la perspectiva reformada, este versículo no anuncia un mérito de los gentiles, sino la eficacia soberana de la gracia que conquista corazones rebeldes: Dios mismo trae a las naciones. La «prisa» del texto revela que cuando el Espíritu obra, la resistencia cae y el pecador corre, ya no arrastrado, sino atraído con cuerdas de amor. Es un anticipo del propósito eterno de reunir un pueblo de toda lengua bajo el señorío de Cristo.

Referencias relacionadas. El cumplimiento se vislumbra en Hechos 8:27-39, cuando el eunuco etíope cree y es bautizado. Isaías 19:19-25 promete altar a Jehová en medio de Egipto, e Isaías 45:14 anticipa el tributo de Cus. El Salmo 72:9-11 y Sofonías 3:10 amplían la visión de los reyes postrados; Apocalipsis 7:9 la consuma en la multitud de toda nación ante el Cordero.

Aplicación práctica. Ningún pueblo ni persona está fuera del alcance del brazo redentor de Dios. Esto sostiene la confianza misionera: anunciamos el evangelio sabiendo que el Rey reunirá a los suyos de los lugares más improbables. Frente a culturas que hoy parecen cerradas o enemigas, el creyente ora con esperanza, no con desesperación, porque la salvación depende de la voluntad eficaz de Dios y no de la disposición humana. Que esta verdad nos libre del orgullo étnico y nos llene de celo por las naciones.

Para reflexionar. ¿Hay algún pueblo o persona que tu corazón ha dado por perdido, olvidando que el mismo Dios que sometió a Egipto y a Etiopía puede aún apresurarlos a extender sus manos hacia Él?

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