Significado. Dios se revela como temible en su santuario y como aquel que da poder y fuerza a su pueblo; por eso solo a Él pertenece toda la bendición y la alabanza.

Contexto. El Salmo 68 es un himno triunfal atribuido a David, compuesto probablemente para acompañar el traslado del arca o una celebración de la victoria de Dios sobre sus enemigos. A lo largo del salmo, el Señor avanza como un Rey guerrero que dispersa a los impíos y reúne a los suyos. El versículo 35 cierra esta gran procesión litúrgica, dirigiendo la mirada del pueblo congregado de Israel desde los hechos poderosos de Dios hacia la adoración que le corresponde a su nombre.

Explicación. La expresión «temible eres, oh Dios, desde tus santuarios» une la majestad inaccesible de Dios con el lugar donde Él consiente en habitar entre los suyos; la santidad que provoca temor no aleja al pueblo, sino que lo convoca a una reverencia gozosa. Que sea «el Dios de Israel» quien «da poder y fuerza a su pueblo» subraya la gracia soberana: la fortaleza del creyente no nace de sí mismo, sino que desciende como don de lo alto. En clave reformada, esto confiesa que toda capacidad para vivir, perseverar y vencer procede de Dios, de modo que la respuesta justa es bendecirle a Él, nunca exaltarnos a nosotros. El «Bendito sea Dios» final no añade nada a su gloria, sino que reconoce lo que Él es en sí mismo.

Referencias relacionadas. Compárese con Salmos 29:11, donde el Señor da fuerza y bendice con paz; con Isaías 40:29, que recuerda que Él da esfuerzo al cansado; y con Filipenses 4:13, donde Pablo confiesa que todo lo puede en Cristo que lo fortalece. La santidad temible del santuario halla su cumplimiento en Cristo, verdadero templo (Juan 2:19-21) y fuente del Espíritu que capacita a la Iglesia (Hechos 1:8).

Aplicación práctica. Cuando enfrentamos tareas o pruebas que exceden nuestras fuerzas, este versículo nos llama a dejar de medir la batalla por nuestros recursos y a buscar en Dios el poder prometido. La adoración congregada no es un trámite religioso, sino el lugar donde el pueblo recibe fuerza y devuelve la gloria. Vivamos, pues, dependiendo de la gracia y atribuyendo cada victoria a quien la concede.

Para reflexionar. ¿Estoy buscando la fuerza para mi vida en mis propias capacidades o en el Dios que promete dar poder a su pueblo?

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