Salmo 69:26
Significado. El versículo denuncia la crueldad de quienes persiguen al justo a quien Dios mismo ha disciplinado, mostrando que añadir dolor al herido por el Señor es un agravio que clama al cielo.
Contexto. El Salmo 69 es un lamento atribuido a David, salmo mesiánico citado con frecuencia en el Nuevo Testamento. El salmista, sumergido en aguas profundas de aflicción y rodeado de enemigos sin causa, presenta su sufrimiento ante Dios. En la sección imprecatoria (versículos 22-28), del cual forma parte el versículo 26, el orante pide justicia divina contra los adversarios. Los destinatarios originales fueron Israel en su culto, pero la iglesia lo ha leído siempre a la luz de Cristo, el Justo perseguido por excelencia.
Explicación. El texto declara: «porque persiguieron al que tú heriste, y cuentan del dolor de los que tú llagaste». Hay aquí un matiz teológico profundo: el sufrimiento del justo procede en primera instancia de la mano soberana de Dios, que «hiere» y «llaga» con propósito santo. Los enemigos, lejos de compadecerse, se ensañan con quien ya está bajo la disciplina divina. El término «contar» (relatar, divulgar) sugiere que se burlan y propagan el dolor ajeno. Desde una lectura reformada, vemos la soberanía absoluta de Dios incluso sobre la aflicción de los suyos; pero también la responsabilidad plena de los malvados, que no quedan excusados por ser instrumentos. La imprecación no es venganza personal, sino entrega del juicio al Juez justo, anticipando la cruz, donde el Hijo herido por el Padre fue escarnecido por los hombres.
Referencias relacionadas. Isaías 53:4-5 presenta al Siervo «herido de Dios y abatido», eco directo de este versículo. Juan 15:25 y Romanos 11:9-10 aplican el Salmo 69 a Cristo y a sus opositores. Zacarías 1:15 advierte que Dios se aíra contra las naciones que se exceden al castigar a su pueblo. Romanos 12:19 recoge la entrega del juicio al Señor: «Mía es la venganza».
Aplicación práctica. Ante el creyente quebrantado bajo la mano de Dios, somos llamados a compasión y no a crueldad; burlarse del afligido es sumarse a la obra de los enemigos del justo. A la vez, cuando nosotros somos los heridos y escarnecidos, hallamos consuelo en que Cristo cargó primero ese dolor y que el Padre soberano gobierna cada llaga para nuestro bien y su gloria. Confiemos el juicio a Dios en lugar de cobrar venganza propia.
Para reflexionar. ¿Respondo con misericordia a quienes Dios está disciplinando, o me uno, sin advertirlo, a los que aumentan el dolor del herido?