Significado. El salmista pide que Dios sume juicio sobre juicio a sus perseguidores impenitentes, para que no alcancen la justicia salvadora. Es la oración de quien confía la venganza al Juez justo y no la toma en sus propias manos.

Contexto. El Salmo 69 es un lamento individual atribuido a David, escrito desde la angustia de quien sufre oprobio por causa del celo por la casa de Dios (v. 9). Rodeado de enemigos que lo odian sin causa, David clama desde aguas profundas. Israel cantó este salmo como expresión del sufrimiento del justo; el Nuevo Testamento lo lee abundantemente como profecía del Mesías padeciente.

Explicación. «Añade maldad a su maldad» traduce la idea de acumular castigo sobre la culpa ya contraída; no es deseo de que pequen más, sino petición de que reciban el juicio merecido. «Y no entren en tu justicia» significa que no participen del veredicto absolutorio ni de la justicia que Dios concede a los suyos. Desde la perspectiva reformada, esta imprecación no contradice la gracia, sino que presupone la soberanía de Dios sobre la salvación y la reprobación: el justo no maldice por rencor personal, sino que se alinea con el juicio santo de Dios, dejando en manos del Soberano lo que solo a Él pertenece (Dt 32:35). Aquí resplandece que la justificación es don de Dios, no logro humano.

Referencias relacionadas. Romanos 11:9-10 cita este salmo respecto al endurecimiento de los que rechazaron al Mesías; Hechos 1:20 lo aplica a Judas. Comparar con Salmos 109 y con la entrega de Cristo, quien «cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente» (1 Pedro 2:23). Véase también Apocalipsis 6:10.

Aplicación práctica. El creyente herido injustamente no busca su propia venganza, sino que la deposita ante Dios, confiando en su juicio perfecto. Al mismo tiempo, contemplar la dureza del juicio nos mueve a la compasión y a orar por la conversión de los enemigos, recordando que nosotros también fuimos rescatados solo por gracia. Vivamos agradecidos por haber entrado en la justicia de Dios en Cristo.

Para reflexionar. ¿Confías de veras tus agravios al Juez justo, o todavía intentas arrancar de tus manos la venganza que solo a Dios pertenece?

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