Significado. La boca redimida no puede callar la justicia salvadora de Dios; cuando el creyente reconoce que la gracia excede toda cuenta, su vida entera se convierte en proclamación. «Mi boca publicará tu justicia y tus hechos de salvación todo el día».

Contexto. El Salmo 71 es la oración de un siervo de Dios que ha envejecido (vv. 9, 18) y atribuido por la tradición a David en sus últimos años, aunque el salmo es anónimo. Compuesto en medio de enemigos que lo acechan, el salmista repasa una vida sostenida desde el vientre materno por la fidelidad del Señor. El versículo 15 brota de esa memoria pactual: el anciano, lejos de retirarse en silencio, decide hacer de su ancianidad un púlpito de la justicia divina ante la siguiente generación.

Explicación. El término «justicia» (tsedaqah) no señala aquí el juicio condenatorio, sino la justicia salvadora con que Dios cumple su pacto y rescata a los suyos; va unida a «salvación» (yeshuah), formando un binomio que anticipa el evangelio. Desde la perspectiva reformada, esta justicia es enteramente obra de Dios, no mérito humano: el salmista no publica su propia rectitud, sino la del Señor que salva por pura gracia. La frase «porque no conozco su número» confiesa que las misericordias divinas desbordan todo cálculo; la soberanía de Dios en la salvación es tan abundante que la mente finita no puede inventariarla. Notable es el «todo el día»: la alabanza no es esporádica, sino la disposición permanente de un corazón regenerado.

Referencias relacionadas. El binomio justicia-salvación reaparece en Isaías 46:13 y culmina en Romanos 1:16-17, donde la justicia de Dios se revela en el evangelio. La incapacidad de contar las obras divinas resuena con Salmos 40:5 y 139:17-18. El impulso de no callar la salvación halla eco en Salmos 51:15 y en la confesión de Pablo en 2 Corintios 5:14.

Aplicación práctica. El cristiano que ha gustado la gracia está llamado a una alabanza continua, no reservada para el templo ni para la juventud. La ancianidad, la enfermedad o la adversidad no silencian al redimido; más bien, le dan nuevas razones para contar lo que Dios ha hecho. Frente a una cultura que esconde a los mayores, la iglesia debe valorar el testimonio de quienes, tras décadas de fidelidad divina, declaran que las misericordias del Señor no tienen número.

Para reflexionar. Si las misericordias de Dios en tu vida son incontables, ¿qué te impide hoy hacer de tu boca un instrumento que publique «todo el día» su justicia y su salvación?

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