Significado. El creyente envejecido se presenta delante de Dios no con sus propias obras, sino confiando enteramente en los hechos poderosos del Señor y proclamando «tu justicia, la tuya sola».

Contexto. El Salmo 71 es la oración de un anciano fiel, atribuido tradicionalmente a David en su vejez, rodeado de enemigos que lo creen abandonado por Dios. Sin título propio, parece prolongar el clamor del Salmo 70 y se dirige al Señor del pacto como refugio de toda una vida. El versículo 16 marca el giro del lamento a la alabanza confiada, modelo para el pueblo de Dios de toda época que busca perseverar hasta el fin.

Explicación. La frase «vendré a los hechos poderosos de Jehová» evoca al adorador que entra al santuario apoyado en la fuerza divina, no en la propia. El término «justicia» (en hebreo, tsedaqah) no designa aquí el mérito humano, sino la fidelidad salvadora de Dios que cumple sus promesas pactuales. La expresión «la tuya sola» excluye toda jactancia de la criatura: es el corazón mismo de las doctrinas de la gracia, pues la salvación procede íntegramente de la soberana iniciativa de Dios. El salmista «hace memoria» (recuerda y proclama) como acto de fe, anticipando lo que el Nuevo Testamento revelará plenamente en Cristo, justicia nuestra.

Referencias relacionadas. «Jehová, justicia nuestra» (Jeremías 23:6) halla cumplimiento en aquel que «nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención» (1 Corintios 1:30). Pablo declara que se gloriará solo en el Señor (2 Corintios 10:17), eco de «la tuya sola». Y la justicia de Dios revelada en el evangelio (Romanos 1:16-17) es la misma tsedaqah que aquí confiesa el salmista.

Aplicación práctica. En una cultura que exalta los logros propios, el creyente reformado aprende a fundar su confianza únicamente en la obra consumada de Cristo. Cuando la vejez, la debilidad o la oposición amenazan, no recitamos nuestras virtudes sino los hechos poderosos del Señor: su elección, su cruz, su fidelidad probada a lo largo de los años. Hacer «memoria» de su justicia es disciplina de adoración que sostiene la perseverancia.

Para reflexionar. ¿En qué pongo realmente mi confianza al acercarme a Dios: en mis propios méritos acumulados o en la justicia que es «la suya sola»?

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