Significado. El alma rescatada no puede callar: la fidelidad de Dios despierta una alabanza con instrumento y con voz, porque quien fue librado conoce de cerca al «Santo de Israel».

Contexto. El Salmo 71 es la oración de un creyente que ha envejecido en el servicio de Dios y enfrenta enemigos que lo creen abandonado. Aunque sin título en el texto hebreo, la tradición lo asocia a David, cuya voz pactual recorre el salterio. Dirigido al pueblo del pacto en su culto, este versículo pertenece al cierre del salmo, donde la súplica desemboca en voto de gratitud anticipada, confiando en la liberación que Dios ciertamente obrará.

Explicación. El salmista promete alabar la «verdad» de Dios, es decir, su 'emet, su fidelidad inquebrantable al pacto. La salvación no nace del mérito del orante sino de la veracidad de Dios para con sus promesas; aquí late la doctrina de la gracia, pues Dios libra porque es fiel a sí mismo. La música del salterio y el arpa expresan que la gratitud compromete cuerpo y arte, no solo sentimiento privado. El título «Santo de Israel», raro en los salmos pero amado por Isaías, une santidad trascendente con cercanía pactual: el Dios infinitamente apartado se ata a un pueblo concreto por elección soberana.

Referencias relacionadas. El nombre «Santo de Israel» abunda en Isaías 12:6 y 41:14, donde el Redentor es a la vez Santo. La alabanza con arpa y salterio resuena en el Salmo 33:2 y 92:3. La fidelidad de Dios como fundamento de la salvación reaparece en Lamentaciones 3:23 y, supremamente, en Cristo, en quien «todas las promesas de Dios son Sí» (2 Corintios 1:20).

Aplicación práctica. El creyente que ha visto la mano fiel de Dios a lo largo de los años está llamado a no enterrar su testimonio, sino a alabar públicamente. En un tiempo que privatiza la fe, este versículo nos convoca a una adoración corporativa, encarnada y gozosa, donde el canto y la música proclaman que nuestra esperanza descansa en la fidelidad de Dios y no en la nuestra. Cada liberación recibida es semilla de futura alabanza.

Para reflexionar. ¿Mi alabanza brota de la confianza en la fidelidad de Dios, o depende de la estabilidad de mis circunstancias?

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