Significado. El creyente envejecido confía en que el Dios que lo sostuvo en la juventud aumentará su grandeza y volverá a consolarlo; la fidelidad del Señor no se agota con los años.

Contexto. El Salmo 71 es la oración de un anciano piadoso, atribuido por la tradición a David en sus últimos días o a un siervo de su entorno, rodeado de enemigos que lo creen abandonado por Dios. Sin título en el texto hebreo, retoma frases del Salmo 31 y 22, y se dirige a Yahvé como refugio de toda la vida. Sus destinatarios primeros fueron el pueblo del pacto reunido en el culto, que aprendía a esperar en Dios «desde la juventud hasta la vejez y las canas».

Explicación. El versículo encadena dos peticiones-promesas. «Aumentarás mi grandeza» (en hebreo, mi gedullah, mi dignidad o estima) no expresa ambición personal, sino la certeza de que Dios reivindicará públicamente a su siervo frente a quienes lo despreciaban. «Y volverás a consolarme» traduce un verbo que connota giro, regreso: Dios no solo consuela, sino que rodea de nuevo al afligido. La lectura reformada subraya aquí la soberanía de la gracia: el salmista no funda su esperanza en méritos ni en fuerzas que ya menguan, sino en el decreto fiel de un Dios que perfecciona la obra comenzada. Es la perseverancia de los santos en clave de oración.

Referencias relacionadas. Resuena con Salmos 23:3 («confortará mi alma»), Job 42:10-12 y la promesa de Isaías 46:4 («hasta la vejez yo mismo os llevaré»). El consuelo que «vuelve» anticipa al Dios de toda consolación de 2 Corintios 1:3-5 y halla su plenitud en Cristo, en quien todas las promesas son «sí» (2 Corintios 1:20) y cuya resurrección garantiza la exaltación del humillado (Filipenses 2:8-9).

Aplicación práctica. Quien camina hacia la ancianidad, o atraviesa pérdidas que lo hacen sentir descartado, halla aquí un ancla: la estima delante de Dios no depende del vigor ni del reconocimiento humano. Conviene orar con audacia pactual, recordando los socorros pasados como prenda de los futuros, y servir a los hermanos mayores honrando la dignidad que el Señor mismo promete acrecentar.

Para reflexionar. ¿Estás fundando tu esperanza en tus fuerzas menguantes o en la fidelidad inquebrantable del Dios que prometió consolarte hasta el fin?

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