Significado. Los reyes de la tierra rinden tributo al rey ungido porque toda autoridad procede de Dios y a su Cristo se sujetará al fin todo dominio. Aquí la gloria de las naciones desemboca, como río, en el trono del Mesías.

Contexto. El Salmo 72 lleva el título «para Salomón» y se cierra con la nota «aquí terminan las oraciones de David». Es, pues, una oración real: David intercede por su hijo, el rey davídico, pidiendo justicia, paz y dominio universal. Dirigido al pueblo del pacto, traza el retrato ideal del monarca de Israel, ideal que ningún hijo de David cumplió jamás, sino aquel Hijo mayor que había de venir.

Explicación. El versículo nombra a «Tarsis y las costas» del lejano occidente, y a «Sabá y Seba» del sur arábigo y africano. Los verbos «traerán presentes» y «ofrecerán dones» describen el homenaje de pueblos remotos al rey. En clave reformada leemos esto pactualmente: ningún reino salomónico alcanzó tal extensión, de modo que el Espíritu apunta más allá de la sombra hacia la sustancia, Cristo, cuyo reino no conoce fronteras. La soberanía de Dios se manifiesta en que los gobernantes, aun los que se creen autónomos, terminan sirviendo al propósito redentor del Señor; sus dones no compran favor, sino que confiesan señorío.

Referencias relacionadas. Isaías 60:6-9 anuncia naciones que traen oro e incienso a Sion; Mateo 2:11 muestra a los magos del oriente postrados ante el niño-Rey con oro, incienso y mirra, cumplimiento inicial de este salmo. Apocalipsis 21:24-26 contempla a los reyes de la tierra trayendo su gloria a la ciudad santa, consumación de la misma esperanza. Filipenses 2:10-11 declara que toda rodilla se doblará ante Jesús.

Aplicación práctica. Si el Rey ha de recibir el homenaje de las naciones, la iglesia vive con confianza misionera: no rogamos a un Cristo dudoso, sino proclamamos a uno cuyo reino avanza por decreto eterno. Ante poderes que parecen indiferentes al evangelio, recordemos que sus tesoros y tronos están bajo los pies del Mesías. Que nuestra adoración, como la de Tarsis y Sabá, sea entrega gozosa de lo mejor a quien todo lo merece.

Para reflexionar. ¿Le traigo a Cristo mis «dones» como tributo de un súbdito agradecido, o aún retengo áreas de mi vida como si fueran reinos independientes de su señorío?

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