Significado. El versículo retrata, con asombro doloroso, la prosperidad aparente de los impíos: viven tranquilos y aumentan sus riquezas, mientras el creyente lucha. Es el clamor de una fe que, por un momento, casi resbala ante la injusticia del mundo.

Contexto. El Salmo 73 abre el tercer libro del Salterio y se atribuye a Asaf, levita y director del culto en tiempos de David. Asaf escribe como hombre piadoso sacudido por una crisis: al observar el bienestar de los malvados, su pie estuvo a punto de deslizarse (v. 2). El versículo 12 resume la observación que lo atormentaba, antes de que entrara en el santuario de Dios y comprendiera el fin de aquellos (v. 17). Habla a todo el pueblo del pacto tentado a envidiar a los que desprecian a Dios.

Explicación. «He aquí estos impíos» señala con el dedo a los enemigos de Dios; el término hebreo «reshaim» designa a los culpables, los que viven al margen de la ley divina. «Sin ser turbados» (o «tranquilos para siempre») describe una seguridad carnal que ignora el juicio venidero. «Aumentaron sus riquezas» muestra una bonanza que parece contradecir la justicia de Dios. Desde la perspectiva reformada, este versículo expone el límite de la mera observación: los sentidos engañan cuando juzgamos la providencia por las apariencias presentes. La soberanía de Dios no se mide por la balanza temporal, sino por su propósito eterno. Asaf todavía no ve el «resbaladero» (v. 18) sobre el que Dios los ha puesto; su prosperidad es préstamo, no herencia. La fe verdadera, don de la gracia, debe esperar el desenlace que solo Dios revela.

Referencias relacionadas. Job 21:7-13 plantea la misma perplejidad ante los malvados que envejecen prósperos. Jeremías 12:1 pregunta por qué es prosperado el camino de los impíos. El Salmo 37:1-2 ordena no enojarse a causa de los malignos, pues pronto serán cortados como la hierba. Lucas 12:16-21 muestra al rico insensato cuya alma es demandada esa misma noche, y Lucas 16:25 invierte las suertes en la eternidad.

Aplicación práctica. Vivimos rodeados de éxitos que parecen recompensar la impiedad: fortunas sin escrúpulos, fama sin temor de Dios. El creyente puede sentir que la fidelidad no rinde frutos. Este versículo nos enseña a no juzgar por lo visible ni a envidiar la prosperidad pasajera. Entremos, como Asaf, al santuario; en la presencia de Dios y por medio de Cristo recuperamos la perspectiva eterna y descansamos en que el Juez de toda la tierra hará lo recto.

Para reflexionar. ¿Mido el favor de Dios por mis circunstancias presentes, o descanso en su soberano propósito eterno aun cuando los impíos parecen prosperar?

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