Significado. La arrogancia del impío llega a desafiar el cielo mismo y a enseñorearse de la tierra con su lengua; pero esa pretensión, aunque ruidosa, vive bajo la soberanía silenciosa de Dios.

Contexto. El Salmo 73 abre el tercer libro del Salterio y se atribuye a Asaf, levita y director de la música en el culto del templo. Es un poema sapiencial que recoge la crisis de un creyente perplejo ante la prosperidad de los malvados. Sus destinatarios son los fieles del pueblo de Dios que, como Asaf, se ven tentados a dudar de la justicia divina al contemplar el bienestar de quienes desprecian al Señor. El versículo 9 pertenece al retrato de esos impíos (vv. 4-12), antes del giro decisivo que ocurre cuando el salmista entra en el santuario (v. 17).

Explicación. La imagen es vívida: «ponen su boca contra el cielo, y su lengua pasea por la tierra». La «boca contra el cielo» describe la blasfemia, el atrevimiento de hablar contra Dios como si no hubiera tribunal celestial; la «lengua que recorre la tierra» señala la calumnia y la dominación verbal que se extiende sobre los hombres. Desde la perspectiva reformada, este versículo desnuda la naturaleza de la depravación: el corazón no regenerado no solo peca, sino que se exalta contra su Creador, repitiendo la rebelión de Babel. Y, sin embargo, tal soberbia no escapa al decreto de Dios; el Señor permite por un tiempo esta libertad aparente para sus propios fines santos, mostrando que aun la ira del hombre le alaba.

Referencias relacionadas. La lengua arrogante resuena en Salmos 12:4 («con nuestra lengua prevaleceremos») y en Apocalipsis 13:5-6, donde la bestia abre su boca en blasfemias contra el cielo. Santiago 3:6 describe la lengua como un fuego que contamina todo el cuerpo. El contraste cristológico es luminoso: 1 Pedro 2:23 muestra a Cristo, quien «cuando padecía, no amenazaba», entregándose al que juzga justamente, modelo opuesto al impío del salmo.

Aplicación práctica. Hoy abundan las voces que se alzan contra Dios en lo alto y dominan la conversación pública con desprecio por lo sagrado. El creyente puede sentir, como Asaf, que la fidelidad no rinde fruto mientras la insolencia prospera. La respuesta no es imitar esa lengua ni envidiar ese poder, sino refugiarse en el santuario, recordar el fin de los soberbios y custodiar nuestras propias palabras para que honren al Señor. La soberanía de Dios sobre toda lengua es nuestro descanso.

Para reflexionar. ¿Permites que el ruido confiado de quienes desprecian a Dios sacuda tu confianza, o descansas en que ninguna lengua escapa del juicio justo del Señor que reina sobre el cielo y la tierra?

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