Significado. El versículo proclama que Dios es el único Juez soberano del universo: «Él es quien humilla a uno y enaltece a otro», de modo que ningún poder humano se levanta o cae fuera de su decreto santo.

Contexto. El Salmo 75 se atribuye a Asaf, dirigente del culto en tiempos de David, y se canta «al son de No destruyas». Es un salmo de acción de gracias mezclado con advertencia profética: la congregación de Israel celebra que Dios obra maravillas y, en medio de la arrogancia de los impíos, declara que el Señor mismo fijará el tiempo del juicio. El versículo 7 es el corazón teológico del cántico, pues responde a la jactancia de los soberbios mencionada en los versículos anteriores.

Explicación. El texto afirma: «porque Dios es el juez; a este humilla, y a aquel enaltece». La palabra hebrea para «juez» (shofet) no describe a un magistrado pasivo, sino a quien gobierna activamente y dispone los destinos. Los verbos «humilla» y «enaltece» están en participio, señalando una acción continua: Dios no abdica su trono ni delega su autoridad. Desde la perspectiva reformada, aquí resplandece la soberanía absoluta del Señor sobre tronos y naciones; nada ocurre por azar ni por mérito autónomo del hombre. El enaltecimiento es pura gracia, no recompensa merecida, y la humillación de los orgullosos manifiesta su justicia. El versículo niega de raíz toda jactancia humana, recordándonos que «no hay autoridad sino de parte de Dios».

Referencias relacionadas. El cántico de Ana anticipa este tema: «Jehová empobrece, y él enriquece; abate, y enaltece» (1 Samuel 2:7). Daniel confiesa que Dios «quita reyes, y pone reyes» (Daniel 2:21). María lo canta en el Magníficat: «Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes» (Lucas 1:52). Pablo lo resume en Romanos 13:1, y el Señor Jesús enseña el principio en Lucas 14:11.

Aplicación práctica. En un mundo obsesionado con el ascenso, el poder y la autopromoción, este versículo nos llama al descanso y a la humildad. El creyente no necesita pelear con artimañas por su lugar, pues el que exalta es Dios. Cristo, el verdadero Juez exaltado a la diestra del Padre, se humilló primero hasta la cruz y fue glorificado por obediencia. Confiemos en que nuestro Padre soberano dispone cada circunstancia para bien de los suyos, y abandonemos toda ambición que se apoye en nuestras propias fuerzas.

Para reflexionar. ¿Estoy buscando ser enaltecido por mis propios méritos, o descanso en que el Juez soberano del universo dispone mi vida según su gracia y para su gloria?

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