Significado. El deseo concedido por juicio se vuelve sentencia: cuando Dios entrega al hombre a su propio apetito, el don mismo se transforma en castigo, porque codiciar contra la voluntad del Señor es despreciar al Dador.

Contexto. El Salmo 78 es un masquil atribuido a Asaf, salmista y vidente del tiempo de David, que recita la historia de Israel como lección pactual para «la generación venidera». Dirigido al pueblo del pacto, recuerda el desierto, la murmuración por la carne y las codornices del relato de Números, para que los hijos no repitan la incredulidad de los padres. El versículo 30 retrata el instante crítico: el alimento todavía en la boca cuando irrumpe la ira divina.

Explicación. El texto dice que «aún no habían saciado su deseo» y «la comida aún estaba en su boca». El término hebreo para «deseo» (taawah) evoca el ansia desordenada que ya había dado nombre a aquel lugar, Kibrot-hataava, «las tumbas de la codicia». Desde la lectura reformada, esto manifiesta el juicio de endurecimiento: Dios concede lo pedido no por benevolencia sino como acto soberano de retribución, entregándolos a sus concupiscencias (Romanos 1). La saciedad negada revela que el problema no era el hambre del cuerpo sino la rebeldía del corazón, que ni aun teniendo la carne hallaba reposo, porque solo en Dios descansa el alma.

Referencias relacionadas. Números 11:33 narra el suceso histórico; el Salmo 106:15 declara que Dios «les dio lo que pidieron, mas envió mortandad sobre ellos». Romanos 1:24 muestra el mismo principio de entrega judicial, y Santiago 1:14-15 expone cómo la concupiscencia engendra muerte. Filipenses 3:19 advierte sobre quienes hacen «un dios de su vientre».

Aplicación práctica. Cuídate de medir el favor de Dios por la concesión de tus apetitos; a veces la respuesta más severa es recibir lo que pediste mal. Examina tus oraciones: ¿buscas la voluntad del Padre o exiges la satisfacción de tu carne? La verdadera saciedad no está en lo creado sino en Cristo, pan de vida, que sacia sin condenar. Aprende a desear los dones desde la sujeción gozosa a la soberanía del Dador.

Para reflexionar. ¿Hay algún anhelo que persigues con tanta vehemencia que estarías dispuesto a recibirlo aun fuera de la voluntad de Dios, y qué dice eso del estado de tu corazón?

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