Significado. Dios destruyó las viñas y las higueras de Egipto con granizo y escarcha, mostrando que el Señor soberano dispone aun de los elementos para juzgar al opresor y liberar a su pueblo. Nada en la creación escapa de su mano.

Contexto. El Salmo 78 es un masquil atribuido a Asaf, salmista y vidente del tiempo de David, escrito para instruir a las generaciones de Israel. Es un salmo histórico-didáctico que recorre la obra de Dios desde el éxodo hasta la elección de David, recordando tanto la fidelidad divina como la rebeldía persistente del pueblo. El versículo 47 forma parte del recuerdo de las plagas con que el Señor hirió a Egipto, sección destinada a que los hijos no olviden las maravillas de Dios ni endurezcan su corazón como sus padres.

Explicación. El texto refiere la séptima plaga (Éxodo 9), cuando el granizo y la escarcha arruinaron las viñas y los sicómoros egipcios. Asaf no narra como simple cronista; presenta la historia como teología: cada golpe sobre Egipto es un acto del Dios soberano que gobierna la naturaleza para cumplir su propósito redentor. El término «granizo» evoca el juicio que cae del cielo, y la mención de las viñas e higueras subraya que Dios alcanza incluso la economía y el sustento de quienes resisten su voluntad. Desde la perspectiva reformada, vemos aquí la providencia universal: el Señor no es un espectador, sino quien «hace según su voluntad en el ejército del cielo» (Daniel 4:35). El juicio sobre Egipto manifiesta a la vez su justicia contra el pecado y su gracia electora hacia Israel.

Referencias relacionadas. Éxodo 9:18-25 relata la plaga del granizo; el Salmo 105:32-33 repite el mismo recuerdo. Job 38:22-23 muestra a Dios reservando el granizo «para el tiempo de la angustia». Apocalipsis 16:21 anuncia un granizo postrero como juicio escatológico, y Romanos 9:17 cita a Faraón como instrumento del propósito soberano de Dios.

Aplicación práctica. Recordar las obras pasadas de Dios fortalece la fe presente. Como Israel debía narrar estas maravillas a sus hijos, también nosotros estamos llamados a transmitir la fidelidad del Señor a la siguiente generación. Si Dios dispone del granizo y la escarcha, podemos confiar nuestras circunstancias, finanzas y temores a quien gobierna cada partícula de la creación. El mismo Dios que juzgó a Egipto y libró a su pueblo culminó su obra redentora en Cristo, nuestro mayor éxodo.

Para reflexionar. ¿Estoy contando a quienes me rodean las maravillas que Dios ha hecho, o permito que su fidelidad caiga en el olvido?

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