Significado. El creyente que ha clamado por avivamiento aprende primero a callar y escuchar, pues la paz que anhela su alma desciende como palabra soberana de la boca de Dios.

Contexto. El Salmo 85 es un salmo comunitario de los hijos de Coré, compuesto tras un acto de restauración divina (vv. 1-3), probablemente en el regreso del cautiverio. La congregación había suplicado que Dios volviera a vivificar a su pueblo (vv. 4-7). En el versículo 8 una sola voz —quizá el sacerdote o el salmista representando al pueblo— se aparta para inclinar el oído al Señor, esperando su respuesta antes de proclamarla a los destinatarios reunidos en el santuario.

Explicación. «Escucharé lo que hablará Jehová Dios» revela una postura de fe receptiva: la salvación no nace del esfuerzo humano sino de la iniciativa de quien habla. El verbo hebreo apunta a una escucha atenta y sumisa, propia de quien reconoce que la Palabra de Dios es eficaz y soberana. Lo que Dios «hablará» es «paz» (shalom), plenitud pactual que abarca reconciliación, justicia y bienestar. Esa paz se dirige «a su pueblo y a sus santos», es decir, a los elegidos guardados por gracia. La advertencia final —«para que no se vuelvan a la locura»— recuerda que la gracia recibida llama a la perseverancia y no licencia para el pecado; la perspectiva reformada ve aquí la santificación como fruto necesario de la justificación.

Referencias relacionadas. La paz prometida halla su consumación en Cristo, «nuestra paz» (Efesios 2:14) y «Príncipe de paz» (Isaías 9:6). El encuentro de misericordia y verdad del versículo 10 anticipa la cruz, donde justicia y gracia se besan (Romanos 3:26). La actitud de escuchar evoca a Samuel: «Habla, que tu siervo escucha» (1 Samuel 3:10), y la promesa de no volver a la locura resuena en Romanos 6:1-2.

Aplicación práctica. En una era de ruido y autoafirmación, el cristiano necesita recuperar el silencio reverente ante la Escritura, donde Dios sigue hablando paz. Antes de exigir respuestas, conviene aquietar el corazón y escuchar. Quien ha gustado la reconciliación en Cristo no regresa a la insensatez del pecado, sino que camina en gratitud, sabiendo que la misma gracia que perdona también sostiene y guarda hasta el fin.

Para reflexionar. ¿Estoy realmente dispuesto a callar y escuchar lo que Dios habla, o solo busco que confirme lo que ya he decidido?

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