Significado. Dios mismo eligió y fundó a Sion sobre los montes santos; su amor por la ciudad de su pacto descansa no en el mérito de ella, sino en su gracia soberana.

Contexto. El Salmo 87 es un cántico atribuido a los hijos de Coré, una familia de levitas dedicados al servicio del templo. Pertenece al grupo de los «cánticos de Sion», que celebran a Jerusalén como el lugar donde Dios puso su nombre. Fue compuesto para Israel reunido en adoración, probablemente cantado en las grandes peregrinaciones, y su horizonte se extiende hacia las naciones, anticipando que pueblos extranjeros serán contados como nacidos en Sion.

Explicación. El versículo abre de forma abrupta: «Su cimiento está en los montes santos». El pronombre «su» señala a Dios como el sujeto implícito de todo el salmo; es Él quien edifica. El término hebreo para «cimiento» o «fundamento» subraya estabilidad y permanencia: lo que Dios funda no será removido. Los «montes santos» evocan a Sion no por su grandeza geográfica, sino por elección divina. Aquí la teología reformada halla eco del principio de que la salvación procede enteramente de Dios: no escogemos a Dios primero, sino que Él nos funda en su gracia. Sion es figura de la Iglesia, el pueblo del pacto, cuyo único cimiento firme es la obra eterna del Señor.

Referencias relacionadas. El Salmo 48:1-2 y 122 amplían la gloria de Sion como ciudad de Dios. Isaías 28:16 anuncia la «piedra angular» que el Nuevo Testamento aplica a Cristo en 1 Pedro 2:6 y Efesios 2:20. Mateo 16:18 declara que Cristo edifica su Iglesia sobre roca, y Hebreos 12:22 nos lleva a la Sion celestial, meta del pacto.

Aplicación práctica. Cuando la vida parece inestable, el creyente halla descanso en que su pertenencia al pueblo de Dios no se sostiene en su propia firmeza, sino en el fundamento que el Señor mismo puso en Cristo. Esto produce humildad, pues nada aportamos al cimiento; y produce seguridad, pues lo que Dios edifica permanece para siempre. Amemos a la Iglesia como Dios ama a Sion: con afecto pactual, sirviendo en ella y orando por su edificación.

Para reflexionar. ¿Estoy edificando mi vida sobre el fundamento que Dios estableció en Cristo, o sobre cimientos que yo mismo intento poner?

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