Salmo 98:6
Significado. El estruendo gozoso de trompetas y bocinas no es ruido vacío, sino la proclamación litúrgica de que el SEÑOR reina como Rey soberano sobre su pueblo y sobre toda la tierra.
Contexto. El Salmo 98 pertenece a la colección de los salmos del reino (Salmos 93 y 95-99), que celebran el reinado universal de Yahvé. Aunque la tradición lo asocia con la liturgia del templo, su encabezado lo llama simplemente «salmo», cantado por la congregación de Israel en el culto. El pueblo, destinatario y protagonista, es convocado a alabar al Dios del pacto que ha obrado salvación, una salvación que mira hacia adelante, hacia la manifestación plena de su justicia ante las naciones.
Explicación. El versículo ordena «aclamad delante del rey, el SEÑOR» empleando instrumentos cargados de sentido: las trompetas (jatsotseroth), de uso sacerdotal, y la bocina o cuerno (shofar), asociada a la coronación de reyes y a la teofanía del Sinaí. El término clave es «rey»: la confesión de que Yahvé es Rey constituye el corazón reformado de este salmo, pues afirma su señorío absoluto sobre la creación, la historia y la redención. La alabanza no nace del entusiasmo humano autónomo, sino que es respuesta debida a un Soberano que primero ha actuado en gracia. Leído cristocéntricamente, este Rey es el mismo Cristo entronizado, ante quien toda rodilla se doblará.
Referencias relacionadas. Compárese con Números 10:1-10, donde se ordenan las trompetas para convocar y recordar al pueblo ante Dios; con Salmos 47:5-7, que celebra a Dios subiendo con júbilo y son de trompeta; y con Salmos 95:3, «Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses». El cumplimiento se anuncia en Apocalipsis 11:15, donde la séptima trompeta declara que «los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo».
Aplicación práctica. El culto reformado entiende la adoración como acto reverente y gozoso a la vez: ni frío formalismo ni emocionalismo desordenado, sino júbilo ordenado ante el Rey. Hoy la iglesia, reunida en el día del Señor, proclama con sus cantos esa misma realeza de Cristo. Cada congregación que se reúne anticipa la asamblea celestial, recordando que toda nuestra alabanza es respuesta a la iniciativa soberana de Dios, quien nos eligió, redimió y nos convoca a su presencia.
Para reflexionar. ¿Adoro al SEÑOR como a un Rey soberano cuyo reinado gobierna cada área de mi vida, o lo trato como a un consejero a quien acudo solo cuando me conviene?