• Esdras 6:3

    En el primer año del rey Ciro, el rey Ciro dio un decreto acerca de la casa de Dios que está en Jerusalén: “Que la casa sea edificada como un lugar en el cual se ofrezcan sacrificios y que sean colocados sus cimientos. Será de veintisiete metros de alto y de veintisiete metros de ancho.

  • Esdras 6:4

    Tendrá tres hileras de bloques de piedra y una hilera de vigas nuevas, y el gasto será pagado por la casa del rey.

  • Esdras 6:5

    También los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalén y los había llevado a Babilonia, serán devueltos e irán a su lugar, en el templo que está en Jerusalén, y serán depositados en la casa de Dios”.

  • Esdras 6:6

    Ahora pues, Tatnai, gobernador de Más Allá del Río, Setar-boznai y sus compañeros, los oficiales que están en la región de Más Allá del Río, apártense de allí.

  • Esdras 6:7

    Dejen la obra de esta casa de Dios a cargo del gobernador de los judíos y de los ancianos de los judíos, para que reedifiquen esta casa de Dios en su lugar.

  • Esdras 6:8

    Por mí es dada la orden de lo que han de hacer con esos ancianos de los judíos, para construir esta casa de Dios: Los gastos de aquellos hombres sean puntualmente pagados de los recursos del rey, de los tributos de Más Allá del Río, para que no cese la obra.

  • Esdras 6:9

    Se les dará cada día, sin falta, lo que sea necesario: novillos, carneros y corderos para los holocaustos al Dios de los cielos, trigo, sal, vino y aceite, conforme a lo que digan los sacerdotes que están en Jerusalén,

  • Esdras 6:10

    para que ofrezcan sacrificios de grato olor al Dios de los cielos y oren por la vida del rey y de sus hijos.

  • Esdras 6:11

    También he dado órdenes que a cualquiera que altere este decreto le sea arrancada una viga de su casa, y él sea clavado empalado en ella, y que por ello su casa sea convertida en un montón de escombros.

  • Esdras 6:12

    Que el Dios que hizo habitar allí su nombre derribe a todo rey o pueblo que extienda su mano para alterarlo o destruir esa casa de Dios que está en Jerusalén. Yo, Darío, doy este decreto. Sea llevado a cabo con diligencia.

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