Regocíjate siempre. San Pablo suele recomendar la alegría a los fieles. La alegría es, en efecto, la característica de la verdadera virtud, que de ningún modo consiste en, ni fomenta, la amargura o el mal humor, como imaginan algunos equivocados. Dios ama al que da con alegría. El dolor, que es de este mundo, mata. (Haydock)

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