Y no lo haría durante mucho tiempo. El Todopoderoso no siempre nos escucha tan pronto como quisiéramos, ni de la manera que nos parece mejor; pero si no siempre se nos escucha de acuerdo con nuestros deseos, siempre lo estamos en la medida de lo posible para nuestra salvación. A veces se demora para ejercitar nuestra paciencia y acrecentar nuestro ardor; a veces concede, en su ira, lo que, en su misericordia, rechazaría. Oremos, pues, siempre, deseemos siempre, amemos siempre.

Desea siempre y reza siempre. Ésta es la voz continua de la oración que el Todopoderoso te exige. Callas cuando dejas de amar. El enfriamiento de la caridad, es el silencio del corazón. (San Agustín, en el Salmo xxxvii.) (Witham)

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